¡ Churro vaaaaaa… !

Mi equipo. Centro Experimental “José Antonio” 1971/72

… y saltábamos. Yo lo hacía de las primeras, menuda y ágil, conseguía saltar hasta casi llegar a la madre, dejando espacio suficiente detrás de mí para los siguientes de mi equipo. En cuanto me encontraba segura miraba hacia atrás. Así me preparaba para recibir el salto del siguiente. Me partía de la risa. Con cada uno que saltaba, la fila de los que pagaban se removía más o menos. Algún jugador malintencionado meneaba las posaderas para desestabilizar a los de abajo, disimulando, porque la madre podía percatarse, si no lo hacía el sufrido jugador que lo soportaba. Más valía que no se notara, porque nos tocaba pagar sin terminar el turno.

- Churro, mediamanga, mangotero ¿Qué será?

y lo que fuera… seguíamos saltando o nos tocaba pagar.

Nada ocurría alrededor del juego, no prestábamos atención a nada que no fuera ese momento de juego. Arriba o abajo, el equipo era compacto, todos juntos éramos fuertes. Jugábamos y reíamos, disfrutábamos fuera el que fuese nuestro puesto. Gritábamos, no por enfado, sino para hacernos oir por encima de los demás. “¡Trampa!” “¡No vale!” “¡Te he visto!” “¡Te has movido!” “¡Nos toca!” … y entre todos los gritos, incomprensiblemente, nos entendíamos, porque el juego seguía y el desacuerdo se saldaba con la continuación.

Únicamente el aviso de que el recreo había terminado nos hacía abandonar. No era frustrante, habría otro recreo. Tendríamos otra oportunidad para saltar más lejos, para salvarnos porque los otros no acertaran, para que nos llegara el turno. Los miembros del equipo podía cambiar, pero la cohesión entre ellos volvería a ser la misma. Éramos felices, era un hecho, no un proyecto. Vivíamos en la Gloria.
Lo que nos ocupaba a continuación era la constatación de que nos meábamos encima. Corre que te corre, encontrábamos una fila delante de los aseos, y de nuevo se convertía en un momento de juego o de charla. Sabíamos respetar el riguroso orden de la fila, no sin meter prisa a los de delante, porque entrar con retraso a clase nos supondría una reprimenda. Sigue siendo una actitud vigente en los escolares, y lo será por los siglos: viven exactamente lo que les está sucediendo.

Los niños son el futuro. Los niños viven el presente. Tienen una clara visión de la evidencia, porque no la mezclan con prejuicios, porque carecen del miedo al futuro. Las cosas son lo que son, y sólo eso. Todos lo hemos experimentado y, sin embargo, pasamos con el tiempo a un estado inadecuado: no estamos como somos. Vienen la ansiedad, el estrés, la depresión, la desconfianza, la intranquilidad… y nos decimos que “esto no es vida”. Pues no, es decir, pues sí, así es: eso no es la vida.

Durante un tiempo fui animadora turística. Todas las noches montaba un sarao para un público mayoritariamente nacional (españoles) de unas ochocientas personas. Con frecuencia realizaba concursos en las fiestas nocturnas. Muchas veces los participantes los conseguía apretando un poco desde el escenario, digamos que no estaban muy conformes con hacer el indio frente a un público tan numeroso. Sin embargo, a los pocos instantes de comenzar el juego, todo desaparecía a su alrededor, olvidaban el resto. Vivían el momento presente, olvidando el temor al futuro, el miedo de los fracasos pasados. No habían subido a escena para interpretar un papel aprendido, se convertían en actores de sus propias vidas. Jugaban y reían, se divertían, perdían la compostura, desdibujaban el rictus de sus rostros, eran felices. Más o menos demostrativos, al final, todos estaban agradecidos por haberlo pasado tan bien como no lo habían pasado durante años. Terminábamos la velada, los concursantes y yo, regando nuestra satisfacción con cava.

Aquellas personas, sin saberlo, habían puesto en práctica las palabras de Eckhar Tolle cuando dice: “Vive con lo que hay alrededor, sin añadir ninguna interpretación, estar presente en lo que ocurre, sin que haga falta añadir nada a este momento. Deja que sea lo que es, eres el espacio amplio donde suceden las cosas. No deben dominarte los pensamientos, porque pueden ofuscarte la energía de la vida en estos momentos…” Por decir esto, y otras muchas verdades, le llaman iluminado.

Mi amiga Rosa, soprano ilicitana, ya me decía: “Está to inventao”, cuando apreciaba similitudes entre composiciones musicales de nuestros tiempos y las de los clásicos. No es para desmerecer al Sr. Tolle, por el que personalmente siento admiración y respeto, pero Rosa llevaba razón. “Sólo los niños saben lo que quieren” decía Antoine de Saint Exupéry muchos años antes. Todavía muchos más atrás, Jesús de Nazaret dijo: “Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos -¿queréis llamarlo felicidad?-” (Mateo 18,3) y “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios -¿preferís llamarlo la luz, la paz?-” (Mateo 5,8), así como “¿Quien de vosotros, por más que se preocupe, puede añadir una sola hora a su vida?” (Lucas 12, 27).

Os dejo un video del Sr. Tolle que habla de la importancia del momento presente, del ahora. De los otros no me viene nada en el buscador.

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Un rato en política.

Corría el año 1991 y yo regresaba a mi terruño, que no a mi ciudad natal, después de vivir, estudiar y trabajar en Andalucía y Aragón.
Soy gourmande, vivo a grandes bocados, así que después de un carro de años fuera y si tener un círculo social, pensé que colaborar con los jóvenes de un partido político me permitiría conocer un buen número de personas, de entre quienes podría encontrar un círculo nuevo. La idea de que se tratara de gente con las mismas inquietudes sociales (no tanto políticas) jugaba a favor de mi propósito.

Al muy poco tiempo tuvo lugar la preparación de las siguientes elecciones municipales. El candidato a la alcaldía era conocido mío, profesional de la medicina, buena gente, hijo del pueblo y querido en el mismo. Le ofrecí mi colaboración en aquello en lo que fuera menester. Experta en trabajos administrativos, márketing y publicidad por un lado, animadora turística y cultural por otro, enseguida encontraron en qué ocuparme.

De repente me vi en la lista, por la baja de uno de los candidatos de la misma que no estaba de acuerdo con el papel que le habían asignado. “Vale, ponme donde quieras -dije al cabeza de lista- ya sabes que cuentas conmigo para lo que necesites pero, sobre todo, en un lugar en el que no haya posibilidad de que salga elegida”. Yo tenía mi trabajo, había comenzado una nueva carrera en la uni, y mis miras profesionales estaban altamente satisfechas. No me apetecía nada entrar en política activa.

Después del primer mitin se me cayeron los palos del sombrajo. Asistí con desagrado a una relación interminable de descalificativos hacia los componentes del partido opuesto, a la sazón gobernante por cuarta vez consecutiva en el pueblo. Ese ejercicio estúpido pero no por ello caído en desuso de acribillar al oponente, cuando se lleva al terreno municipal adquiere una crudeza y un grado de despotismo desilustrado que ríete tú del Evacuol.

Esos no eran los míos. Nunca he seguido a “los míos”, porque de nadie soy y a nadie adopto, pero la sensación más que incómoda de que se me asociara con esos bellacos hartos de ajos a punto estuvo de producirme un eritema. Esa misma noche hablé con el candidato. Sólo colaboraría en la campaña si las cosas se hacían a mi manera, y de ningún otro modo. Aceptó en cuantito le di un par de razones.

A partir de ese momento se habló del programa, se explicaron los cambios propuestos, las razones que los respaldaban y la forma en la que se harían. La ahora tan manida teoría de positivar el pensamiento y de visualizar objetivos, la pusimos en marcha y, mira tú, funcionó. Algunos librepensadores tuvieron a bien tratarme de “florero”. Mientras tanto, amén de ejercer de un papel visible de presentadora de los mítines, mi labor a la sombra de los focos era constante y casi omnipresente. Dirigí a un grupo de gente que trabajaba con ilusión y, pensaba yo, cohesionados. También redactaba los discursos para aquellos que no se habían ejercitado en exceso en la palabra, y corregía los discursos de quienes, por tener un buen manejo de la misma, se hacían incomprensibles. Así, por ejemplo, sustituía la palabra “coyuntura” por la frase “todo lo que está pasando ahora”, si es que el público de esa noche era un barrio de pescadores, castigados por el sol, el viento y el salitre hasta un par de horas antes del mitin.

Ganamos. Ganaron, quiero decir. En las horas del recuento, conforme se sumaban los resultados que llegaban de las distintas mesas, un rumor nacido súbitamente en la trastienda empezó a trascender hasta más allá de la puerta de la sede del partido, de la acera, de la calle… Cuando una está provista de una melena rubia, natural para más inri, poco importa la dotación bajo el cuero cabelludo: hay quienes quedan deslumbrados -debe ser por las pocas luces que les adornan-. Pero hete aquí que la rubia florero había trabajado y lo había hecho bien. Ignorantes de mi desinterés por ocupar un puesto en el ayuntamiento, se dijeron “es preciso desaparecerla”. Empezó una segunda campaña, con la urgencia necesaria para que el resultado fuera previo al reparto de la tarta. En cuestión de minutos me había convertido en la amante de prácticamente la mitad de mis compañeros de lista. Pffff… aburridica me tienen con ese recurso.

Hasta que llegó ese tiempo, en el que me ocupé en la sede del partido más horas de las que tiene un reloj, el rato más largo que había pasado en el pueblo era el que me detenía en mi coche en el semáforo de la plaza principal, cuando estaba rojo, camino de mi oficina en Alicante. En fin, que después de retirarme por donde había venido, con la satisfacción de un trabajo impecable, me tronché de risa cuando, desde mi retiro, observaba cómo mis ex-compañeros se daban codazos y se ponían zancadillas para raspar un cargo que les permitiera trajearse y ser tratados de concejales.

Mi moraleja personal: se acabó de trabajar por amor al arte. La próxima, cobro, ea.

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La Vespa

Vespa roja. Arly Jones.

Mi hermano Juanma, Arly Jones, preparaba el catálogo de una exposición que tenía comprometida. Repasábamos textos que coordinábamos con sus ilustraciones, los corregíamos, comprobábamos las traducciones, dábamos los últimos toques al catálogo.
- ¡La Vespa! gritó mi hermano de repente.
- ¡¿Quéee, la Vespa?! me salió a mí del alma, porque mé había asustado.
- Pues que no tengo texto para la Vespa. ¿Puedes ocuparte tú? Mira, mientras repaso la página del currículum me escribes algo para la Vespa.
- Ya, bueno, algo así como qué, tú me dirás qué quieres que diga.
- Lo dejo en tus manos, tú eres la que escribe.
- Para mí la Vespa es una monería con la que apenas he tenido roce. No tengo de dónde sacar admiración para escribirle.
- ¿Que la Vespa no te inspira? ¡Eva, por favor!

Me lanzó sobre la mesa, como si fuera un mazo de cartas, un puñado de postales con ilustraciones y fotos, de lugares, de personas… “Souvenir de Paris”, “Drink Coca-Cola”, Toulouse Lautrec, Ana Juan, Los Jackson Five, Elvis, Marilyn, y la Vespa… rodeada de muchachada de los últimos ’50, esos con tupés de infarto, laca, gomina y gafas como las de Pedro Picapiedra. Y Audrey Hepburn en pleno rodaje.

- Vale, bien, y ¿qué? ¿Qué me cuentas de la vespa? le pregunté.
- Siempre hemos tenido Vespa en casa, nena. Es la moto oficial de la familia. ¿Sabes esas noches que salía de marcha por el pueblo? Después de haber pasado tiempo por esos mundos me molaba regresar y encontrarme con los amigos, beber cañas hasta el infinito, como hacíamos en Venezuela, y charlar y reir a risotada limpia. La última caña me la tomaba sentao en la moto. Luego, entre el pueblo y la casa, el caminico frente al mar, con la humedad que se calaba en los huesos. Me subía el cuello de la chaqueta y me calentaba con mi propio aliento. Delante de mí, el barrio poco habitado después de la época de turistas, la luz redonda y típica de mi Vespa, y su ruido alrededor. Era como estar ya en casa. Y en casa en Barcelona tengo la última Vespa. Está malica y no la puedo sacar. Cuando tenga tiempo y ganas la llevo a un garage y poco a poco la voy restaurando.

- Bien, ya tengo bastante. Ahora ponte con el currículum que yo me pongo con la moto. Pero cortito, ¿eh?.

Del catálogo "Universo Ilustrado" de Arly Jones

“Brrumm, brrumm.

La Vespa es una postal en blanco y negro de los ’50 con chico y chica de altos peinados y gafas de pasta oscura. La Vespa es una secuencia en la que la dulce Audrey se despeinaba con la brisa de Roma. La Vespa es la amiga que salía conmigo cuando yo salía con los amigos…
La Vespa ha sido, y es, mi compañera de piso. Tiene una vena pendenciera, discreta, coqueta, original, servicial… buena compañera.”

Del catálogo "Universo Ilustrado" de Arly Jones

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I follow, you follow, we follow friday.

Pocas cosas tan subjetivas como un #FF.

Partiendo de ahí, no es algo que me enloquezca, visto lo que veo cada viernes -o cada sábado, la mayoría de las veces-.
Acostumbro a leer aquellos en los que estoy incluida, abro perfiles y blogs, valoro puntos en común o de interés, y empiezo a seguir a algunos, haciéndolo saber a recomendador y recomendado, con mi agradecimiento.

Si no me provocan curiosidad alguna aquellos de “otro #FF para ti de vuelta”, los RT que algunos hacen de aquellos #FF en los que están incluidos… no sé, quizá prefiero no hablar de ello.

Me recuerdan a la borrachera colectiva de un fin de año donde, a partir de un cierto volumen de alcohol en la sangre, la amistad es lo más bonito.  Siguiendo ese criterio, más que recomendaciones, los #FF se convierten en una declaración de amistad en el mejor de los casos, un recurso que no comparto en otros casos menos mejores.

Prefiero entonces el término que creo acuñó @gregoriotoribio de #BWY (“Beers with you”, o “¡Qué a gusto me tomaría unas cañas contigo!”).

Sin en cambio, como gustamos decir mi hermana y yo para romper el hielo de ciertas conversaciones, reivindico el sentido original del #FF, y aunque soy seguidora de las que siguen, daré aquí y ahora sólo una parte de mis recomendaciones y mis razones.  En la dieta de una tiene que haber de todo, y esto es lo que he cocinado para presentaros un menú equilibrado para un público diverso.

@Marga_Ferrer fotógrafa de prensa que retuitea con comentarios, desayuna con Forges y nos enseña el mundo en instantáneas, agradece y sonríe.
@martasegura, periodista con gran capacidad para comunicar, en su blog y fuera de él, simpática y atenta, presta al RT.
@daviniasuarez, periodista más viva que la luz, despierta, vital, y con un crecimiento enorme en followers.
Otro periodista que escribe en otros ámbitos como si no lo fuera (de bien que lo hace), como @alfonsopineiro

@MaDisite, @dabecas, @cucodevenegas, @Mertxe_Beriain, gente que siempre sonríe y saluda, con buen rollo.
@1de2, que entró tímidamente y ya está hecha, tuitea enlaces de gran estética e interesantes.
@tumpitula, tuitea también mientras curra, tiene un saludo para cada cual, sensible.

@CGT2009 y @j4vl valientes con causa, cada uno la suya, simpáticos y entusiastas de buen humor. Carmen tuitea una foto por día, Javi enlaces interesantes y/o divertidos, retuitean con comentarios.
@AnnaCampoy, hiperactiva, madre y profesional catalana, con corazón de Campanilla. Fuerte e inocente.
@ClaraGrima, un coco armadísimo, un corazón que se derrite por los suyos y un espíritu combativo, que nos lleva de viaje y se ríe con el mundo entero.

Internacionales, políglotas y comprometidas @dgcourriel, @monimarcelarod. Con enlaces muy interesantes, hacen constar todos los retuiteadores previos, y agradecen @knotts09, @SteveAkinsSEO, y además de derechos humanos y otros, música de clásicos del s XX y que tutean (y tuitean) a los ojos, como @RayBeckerman.
Profesionales que además conversan con aportaciones y conocimiento, gente de empresa como @zanguanga, @Myklogica, @viscoform, y @Avisnigra67 cuyo blog destila calidez con una escritura pura y depurada.
Contenidos culturales y de actualidad @falcaide, @Ducado60, @Marsattac, @sandopen, @CruzCoaching, que invitan a la reflexión y a la acción sosegada.

Mujeres de gran sensibilidad estética, y buen criterio para los RT de interés general como @Mara_BC, @SABELA01, @laMar_s.
Artistas y profesionales apasionados de la fotografía @jchernandezjazz, la cocina @robinfood, el dibujo @jshawback y @arly_jones, la música @vistoalreves @asegovia2, de la salud @RafaelTimer, @artangelo, @montejucar, @crispiqueras, @Juanatalavera.

La brillantez de @josemiguelmaiz, cuyos tuits ya merecen ser citas clásicas de @ifilosofia.
La filosofia urbana accesible y el buen corazón de @NachoBotija, la mordaz elocuencia de @javierpeces y @dulcemorgue o del tejano @robinbloor.  Con otra onda pero lo mismo se puede decir de las chicas @irene_gp, conocida teteadora, @PilarZ que bien merece un #, y @nieves_ma, profesional de mercados y mercadonas, de dulce acidez.
Bloggeros como @MiguelRuizMora, un arquitecto que escribe como un híbrido entre Góngora y Quevedo en prosa (me parto) y @AntonioPamos, cuyo despotismo ilustradísimo apenas esconde a un romántico.

Docentes que se mueven e integran el 2.0 como @milasolamarques, @gregoriotoribio, @mcrueda, @altruista, @tiojimeno, y @ainhoaeus mujer muy interesante con sentido del humor y de lo práctico.
Literatura cercana, de esa que uno dice “eso lo he sentido yo”, como @cosechadel66,  @gasolinero -Tomellosero for President- @locusliterario, @Tierratrece -ternura/locura vehemente, para dar y tomar- , o que retuitean contenidos literarios de gran calidad, como la francesa @aubonroman, una dama.
Provocadores y de erótica apasionada, como @Erronkari y sus flechas de amor, y @Reina55 con su mal genio desternillante.
Otra bloggera que debería ser autora (de un libro), por la riqueza expresiva y la capacidad de transmitir es @etcach.

Hombres con el encanto de la discreción, con valores que no deben anunciarse, sino descubrirse (a lo cual os invito) como @antonimoga, @Fbiurrun @ricardoperezh y @ValeraMariscal, así como @garciagarcialex, @ogeid66, @raveacapella, @erezfre.

Y también está @juankarh, uno de mis primeros seguidores, el 13º al que seguí (lo mío con el 13…).  Abre su perfil, sus sitios web y ya está todo dicho. Él dice que no, pero un caballero.  Y hasta aquí puedo escribir.

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En la piel de otras

Con referencias varias y versiones más o menos erróneas sobre la histografía de la conmemoración del día de la Mujer Trabajadora, el origen y la coincidencia de las versiones apreciadas dicen que se debe a la lucha de un colectivo de mujeres por la mejora de sus condiciones de trabajo, y la trágica muerte de todas ellas en un suceso malintencionado.

En definitiva, más allá de trabajadoras o no, de la defensa por los derechos fundamentales que, por ser mujeres, se les negaban.  En este sentido, creo correcto designar el día como el Día de la Mujer, en general.  Lo que no encuentro en modo alguno lógico, es que sea un día de celebración.  Como en el día Contra el Sida, el Día del Niño, o el día que sea, es más acertado considerarlo como un día de balance de resultados, de concienciación y de ponerse las pilas para seguir trabajando en pro de sus objetivos.

No soy feminista.  No he sido educada como mujer, sino como persona, aunque sí que es cierto que he padecido la estrechez y castración mental de mujeres y hombres machistas.  Somos los únicos seres vivos que atentan sobre sus semejantes por razones que no tienen que ver con la supervivencia.  Nosotros, los racionales…

Así que, en medio de tanta celebración -que, insisto, no comprendo- se me ha ocurrido una vez más decir “esta boca es mía”, y resaltar unos apuntes, unos pocos, sobre lo que para mí debería ser el día de hoy, como he dicho antes, de concienciación y de seguir trabajando.  Es preciso ponerse en la piel de las “otras”.

Uno de los documentos más antiguos que se han vinculado con los derechos humanos es el Cilindro de Ciro, que contiene una declaración del rey persa Ciro el Grande tras su conquista de Babilonia en 539 a. C. Desde entonces, seguimos remando…

La negación de los derechos, la negación de la persona.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos define estos derechos como independientes o no dependientes exclusivamente del ordenamiento jurídico vigente.

En sus Artículos 1 y 2: Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros (…) sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

Artículo 3: Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.
Artículo 4: Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas.

Doscientas cincuenta mil mujeres llegan a Europa cada año engañadas por las mafias para explotarlas sexualmente, según un estudio presentado en la sede de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) de Madrid.

Artículo 5: Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.

La violencia, en sus diferentes clases, afecta al 76% de la población femenina en algún momento de su vida.

Las mujeres son víctimas de violencia de todo tipo: doméstica, violaciones, abusos sexuales perpetrados como tácticas de guerra, matrimonios prematuros y mutilaciones genitales (hay 140 millones de niñas en el mundo que han sido mutiladas).

Por ejemplo, en Arabia Saudí, Pakistán o Congo, la población femenina no puede hacer algo tan cotidiano como conducir un coche, y son numerosos los países donde se practican lapidaciones o crímenes de honor.

En España, 9.400 denuncias por malos tratos durante 2010, y 74 mujeres muertas por sus parejas o ex parejas.

Artículo 23
(1) Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.
(2) Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual.
(3) Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.

En España existe un hecho constatado: la ganancia media de las mujeres es inferior a la de los hombres -ofreciendo la economía aragonesa uno de los mayores diferenciales dentro de la economía española-.

Sin libertad económica las mujeres no tendrán libertad.  En España, la tasa de actividad femenina, del 52,6%, se sitúa 15 puntos porcentuales por debajo de la actividad masculina y, además, las mujeres calificadas estadísticamente como inactivas no perciben en el 47% de los casos ningún tipo de pensión o, si las reciben, son de tipo asistencial.

Los datos en nuestro país son significativamente negativos respecto a la media de los europeos. Las mujeres continúan siendo menos en el empleo, el 41,66%, mientras que los varones suponen el 54,21%, a pesar de ser las mujeres quieres presentan un mayor nivel formativo, ya que representan el 60% de la población con titulación superior.

Sin embargo, el acceso y el derecho a la formación del que disfrutamos las mujeres en occidente no es el mismo que en el resto del mundo, y no sólamente por razones económicas intrínsecas al país de que se trate.

Las mujeres son el colectivo que va a realizar mayores sacrificios por la disminución de sus prestaciones y salarios; presentan peor situación y peor pronóstico tanto por tener las pensiones más bajas y los salarios inferiores como por ser, mayoritariamente y por efecto del rol de género, las cuidadoras de las personas dependientes.

Artículo 21
(1) Toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de representantes libremente escogidos.
(2) Toda persona tiene el derecho de acceso, en condiciones de igualdad, a las funciones públicas de su país.

En el Gobierno de España hay 7 mujeres frente a 9 hombres; secretarias de Estado, 10 mujeres, 22 hombres; secretarías generales, 6 frente a 14; direcciones generales, 65 mujeres, 165 hombres; delegación del Gobierno, 4 delegadas frente a 15 delegados.

En el Congreso de los Diputados, el 36% son mujeres, y el 64%, hombres; en el Senado, el 25% son senadoras, y el 75%, senadores, y en los parlamentos autonómicos hay un 41% de mujeres y un 59% de hombres.

Después de esta jornada, la noche será reponedora, y mañana me levantaré con las pilas puestas para defender y colaborar, desde mi parcela y conforme a mis posibilidades y capacidades.  Os animo a hacer lo mismo.

Mujer, libre.

Fuentes:
Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Agencia EFE
Cuadernos de Economía
Agencias
Publicaciones de C.C.O.O.
Diario El Mundo
Diario El País

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Padre.

Océano Navarro. Fotomontaje de Arly Jones.

Llegó a Francia en el seno materno, con el abuelo materno y sus tres hermanos.  Nació cerca de Grenoble, en un cuartel alemán donde mi abuela trabajaba como lavandera.  Crecía feliz en Francia hasta que la estupidez y el egoismo paterno les reclamó en la España de postguerra, donde nada se parecía al bienestar.

A los siete años empezó a trabajar en la mena, en la elaboración del esparto que después se utilizaba en un sin fin de cosas, por aquel entonces.  En Callosa de Segura, desde las casas-cuevas de la sierra (donde vivía con su familia) se oía a los “menaores” gritar: “¡Mena, cabrón!” dirigiéndose a los niños que, en pareja con un adulto, trabajan en el cáñamo.  Se fugó con su abuelo, hasta las pelotas de sufrir ese trato, animando al viejo, y viviendo de la caridad durante un tiempo por la calle.

La tía Manuela, la monja hermana de su madre, le rescató de la miseria absoluta para ofrecerle una miseria relativa, y lo ingresó en la Misericordia de Alicante, como huérfano, donde al menos podía comer a diario.  La llamaban “Manolico” (por su tía)  porque aquello de llamarse Océano, no habiendo un santo que lo llevara puesto, no era de recibo en la época y en las instituciones.  Le siguió el seminario de Orihuela, donde pudo instruirse hasta los catorce años, en que se encontró con fuerzas y sobre todo muchas ganas, para ayudar a su madre, que tanta necesidad tenía.

Trabajó y mejoró la vida de la familia, empezando por ayudar a un buen hombre que vendía al por mayor y al por menor a domicilio.  Mi padre rezaba para que el hombre enfermara y así tener la oportunidad de sustituirle al mando del “mosquito” (una bici con motor y carro enganchado) porque sabía que mejoraría notablemente las ventas.  Así era, cuando la ocasión pintaba.

Mili durante cuatro años, porque pensó que le gustaría y firmó su compromiso por anticipado.  No le gustó el oficio, pero fueron sus mejores años, en el sentido de la ausencia de responsabilidad, de sensación de juego contínuo, de aprendizaje gozoso de la vida.  Colaboró entonces en una emisora de radio de Sevilla, y escribía a diario a su novia, días en los que dos veces, sobre cualquier cosa (el revés de una hoja del Paseo de Maria Luisa podía servir muy bien).

Al licenciarse puso en marcha el casorio, y en dos años tuvo casa y novia prestas para comenzar otra aventura.  Dijo a su novia: “Quiero tener media docena de hijos, tres chicos y tres chicas”.  Bueno.  Lo cierto es que es lo que hizo…  Yo fui la primera, y encargada en París, durante el viaje de novios.

******

Cuando le diagnosticaron la enfermedad, llamó al carpintero que siempre trabajaba para nosotros.  Le encargó una librería con estantes, cajones y armarios para su nuevo despacho, y su ataúd.  Seis tableros de pino macizo, sin pintar, barnizar ni lacar.  En el frente, una imagen del Corazón de Jesús y la leyenda: “Jesús, en ti confío”.

Estuvo guardado un tiempo en el garage de casa, desmontado, hasta que llegó el día de utilizarlo.  Mi hermano mayor encontró una nota de Pedro, el carpintero, dentro de la bolsita que contenía tornillos e indicaciones: “Cuando llegue el momento, no dudes en llamarme para ayudarte, no importa el día ni la hora”.  No fue necesario.  En casa somos todos muy apañaos.

Hubo que discutir con la funeraria, porque las instrucciones de mi padre eran contrarias al boato y la parafernalia.  Irse como vino: con lo esencial.  Así, cuando estuvimos con él a solas, en una sala de la que no se puede dar detalles porque ninguno tenía, con enorme cuidado y amor le amortajamos como a Cristo, con unos sencillos lienzos aunque sin bálsamos.  No faltaron besos y caricias, y palabras de dulce despedida, sin llantos pero con lágrimas (que venían solas).  Nos enseñó a vivir y a morir.  Por mi parte, no puedo pedir más.

- Papá se ha ido hoy por ser el día que es, él que tanto ha amado. -dijo mi hermana.

- No; se ha ido hoy porque mañana lo enterramos, y el lunes to quisqui a trabajar -corrigió mi hermano.

Nos reímos los tres, mi madre flipaba. Yo me atreví a decir:

- Ni lo uno ni lo otro, y las dos cosas a la vez.  Así es nuestro Padre, devoción y obligación de la mano, nada lo hace por nada.

-Sí – reconocieron.

- ¿Nos vamos?.

- Sí, vámonos. Ahora te vienes con nosotros, papá.  Te llevamos a descansar, a tu pueblo, con tu madre.

Sola.

Regresamos el domingo por la tarde, cada mochuelo a su olivo.  Salí a tomar el fresco con mis hijos, muy pequeños entonces.  Mientras jugaban entre las rocas del espigón, yo miraba el horizonte.  Se ponía el sol el 15 de febrero de 2004.  Vi aquella gaviota posada en la última roca y pensé:

- Ahora sí que estoy sola.

Soy la tercera generación de mujeres de mi familia que emigra a Francia sola con sus hijos.  Estoy segura de que eso le hace sentir orgulloso y, viendo lo feliz que soy, está feliz conmigo.   Soy la niña de sus ojos.  No me engaño si digo que ningún hombre me amará como él.

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Gracias

Hace unos años estaba mirando para otro lado,

atenta a otras cosas, entonces necesarias…

… o demasiado ocupada en la crianza, que

requiere mucho, si lo queremos hacer bien…

… o concibiendo y realizando proyectos para conseguir los cambios que quiero en mi vida.

Y llegada a este punto de madurez y juventud, de certitud e ilusión, quiero dar las gracias:

Gracias a quienes trabajan detrás de una ventanilla o en un puesto de atención al público por ayudarme.

Gracias a quienes me atienden en comercios, a todos los que se ocupan de la salud, gracias a quienes prestan servicios a las personas, por tratarme bien a mí y a mi gente.

Gracias a los que se ocupan de mi seguridad y de velar por mis derechos, por cuidar de mí y de mis cosas.

Gracias a quienes respetan las normas de tráfico y el medioambiente, porque son ángeles de la guarda.

Gracias a quienes enseñan y educan, porque transmiten conocimientos y valores a pesar de la locura que se viva alrededor.

Gracias a quienes respetan, escuchan y reflexionan, porque son pilares maestros. Gracias a los honestos y honrados porque hacen que la vida sea verdaderamente excitante.

Gracias a quienes sonríen y saludan, porque embellecen el ambiente.

Gracias a quienes aman bien y a quienes viven buen sexo, porque purifican su entorno.

Gracias a quienes me piden ayuda, porque me ayudan a sentirme en paz.

Gracias a quienes no les gusto, por no juzgarme.

Gracias a quienes me aman.

Gracias, con el corazón, a todos los hacéis que el mundo funcione, y al resto, deseo agradecérselo durante este año:

Amor, y Paz

a la gente de buena voluntad


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